Es cuestión de autoestima. No sabes cuando la tienes, pero puedes afirmar con absoluta certeza cuando la pierdes.
Solías estar contenta conmigo misma. Tenías aproximadamente unos 10 años, y todo cambió. Al principio no solías verte mal a ti misma, simplemente pensabas que alguien era mejor que tú, que ella era mucho más bonita, que a ella la elegían porque tenía una sonrisa encantadora y a ti no. No solías descartarte como opción, simplemente te menospreciabas a ti misma. Pero entonces no recuerdas como cambió todo. Ya no era "Ella es más bonita", se había convertido en un "Ella es bonita." "Ella si es bonita."
Empiezas a ver como tu amiga se ha liado con un chico. Y luego todas tus amigas lo hacen. Luego todas consiguen pareja. Duras meses sin que alguien te diga que eres linda, que vales la pena, que eres importante. La primera vez que te llamaron "fea" realmente no sabías como reaccionar, así que sonreíste, pero luego llegaste a casa, y lloraste, lloraste por horas. Quizá no de tristeza, más bien de dolor, y temor. Temor a lo desconocido. Pero luego tus expectativas se reducen un poco, intentas encontrarte a ti misma un defecto, y luego dos, y luego tres, y llegas al punto donde te define la cantidad de defectos que tienes, y el trabajo duro es encontrarte una cualidad, algo bueno. Y caes en la cuenta que esa persona que te llamó "fea" en realidad te ha hecho un favor; te puso los pies en la tierra y te bajo de las nubes. Entonces como no eras linda, no decías que lo eras, no pensabas que lo eras, y no vivías totalmente convencida de que el chico que suele pasar caminando cerca tuyo los jueves en la noche seguramente tendría algo contigo porque eres linda. Escuchas a la chica más guapa de la clase decir "Soy fea" y ríes internamente, porque aseguras que ella no sabe lo que realmente es sentirse fea, es verse fea, es creerse fea. Ella no sabe lo que es caminar detrás de todas tus amigas, no hablar casi, no participar del tema, no ser popular. Ella no sabe lo que es ilusionarse al ver que alguien la mira, que, por una vez en el mundo, es más que "una más." Ella no sabe lo que es que la profesora diga "¡Escojan sus parejas!" y ella quede ahí.. a la inmersa de quién va a elegirla. Que si no es por su mejor amigo, probablemente la profesora tendría que obligar a algún pobre chico a bailar con ella, y luego tener que soportar como ese chico se queja una y otra vez ¿por qué le tocó con ella, la fea, y no con la linda?
En mi experiencia personal, las pocas veces que me dejé ir por el camino de la atracción joven, donde las parejas se ven en los recesos de clases, se mandan carticas con algún pobre tonto que les hace el favor, y eso si no están en la misma clase, porque debemos admitir que cuando hay una pareja en el mismo salón de clase es totalmente complicado; esas pocas veces no culpaba a aquel chico por no sentir lo mismo hacía mi persona, porque hoy en día la sociedad va ligada fuertemente de la mano de la apariencia y, desafortunadamente, como te ven, te tratan. Siempre los veía como pobres seres humanos a los que una total y completa aparecida, a parte de fea, les entregaba una responsabilidad horrible y un sentimiento indeseado.
Aproximadamente a los 15 años senté cabeza, no era la linda de la clase, era la fea. Nadie me iba a invitar a por un helado, o un café. Mis únicos anhelos eran los personajes de mis libros favoritos, y, a nosotras las feas, solo nos queda esperar porque algún chico intente conocernos.
Pero acá no vengo solo a quejarme de lo mal que lo pasé, y lo paso en mi adolescencia por ser la "fea." Hubo una época donde tuve varios "amigos", y digo "amigos" porque los hijos de puta hablaban de la manera más inhumana y horrorosa posible de mi, obviamente a mis espaldas. (¡De las cosas que me enteré que había hecho en mi vida y no sabía!) En esa época hablaba con todas y cada una de las personas que asistían a mi misma clase. No ese tipo de conversación de "¿cómo te sientes? ¿qué tal tu fin de semana?" No. Mis conversaciones se basaban más en ir saltando y brincando de una esquina del salón a la otra, codeándome por los distintos grupos que se formaban, y preguntar qué hacían, o si habían escuchado el nuevo chisme de aquella, o si habían visto que el profesor tenía el cierre del pantalón abajo. Y, si hablábamos fuera de clases, era definitivamente para pedirnos una que otra tarea. Y con los populares, que casualmente y egocéntricamente puedo decir, que, a veces, era mi grupo, hablábamos sobre cosas que a los jóvenes a dichosa edad interesan: sexo, fiestas, rebeldía y vicios. Yo reía y tenia mis buenos momentos ahí, pero sabía que no estaba en ese grupo por mi apariencia física, sino porque, de una u otra forma, a aquellos les había gustado la alegre y espontánea forma que yo les mostraba, de ser. Era gente amigable, aún lo son; y podría decirse que les quiero a algunos como si fuesen hermanos míos, pero reitero que no puedo llamarles amigos, puesto que ni ellos lo han sido conmigo, ni yo con ellos.
Y, desafortunadamente, llega el punto final, punto muerto, donde todo acaba. Ya no tienes el autoestima por el suelo. Te ves al espejo y ya no lloras, no ríes, no representas ninguna emoción. No te preocupas en lo que otros puedan o no pensar de tu vestido de esa noche, de tu peinado y de tu maquillaje. Ya ni respondes con un "gracias" a cualquier tipo de cumplido o halago. Te gustaría mucho ser alguien más. Ya no respondes a quien eres. ¿Y todo por qué? Porque ha llegado el punto muerto. Tu autoestima no está en el suelo. Ya no tienes. Ya nada puede hacerte sentir esperanzada.
Ya no hay autoestima, se esfumó.
Es cuestión de autoestima. No sabes cuando la tienes, pero puedes afirmar con absoluta certeza cuando la pierdes, y tú, mi amiga, la has perdido.
Solías estar contenta conmigo misma. Tenías aproximadamente unos 10 años, y todo cambió. Al principio no solías verte mal a ti misma, simplemente pensabas que alguien era mejor que tú, que ella era mucho más bonita, que a ella la elegían porque tenía una sonrisa encantadora y a ti no. No solías descartarte como opción, simplemente te menospreciabas a ti misma. Pero entonces no recuerdas como cambió todo. Ya no era "Ella es más bonita", se había convertido en un "Ella es bonita." "Ella si es bonita."
Empiezas a ver como tu amiga se ha liado con un chico. Y luego todas tus amigas lo hacen. Luego todas consiguen pareja. Duras meses sin que alguien te diga que eres linda, que vales la pena, que eres importante. La primera vez que te llamaron "fea" realmente no sabías como reaccionar, así que sonreíste, pero luego llegaste a casa, y lloraste, lloraste por horas. Quizá no de tristeza, más bien de dolor, y temor. Temor a lo desconocido. Pero luego tus expectativas se reducen un poco, intentas encontrarte a ti misma un defecto, y luego dos, y luego tres, y llegas al punto donde te define la cantidad de defectos que tienes, y el trabajo duro es encontrarte una cualidad, algo bueno. Y caes en la cuenta que esa persona que te llamó "fea" en realidad te ha hecho un favor; te puso los pies en la tierra y te bajo de las nubes. Entonces como no eras linda, no decías que lo eras, no pensabas que lo eras, y no vivías totalmente convencida de que el chico que suele pasar caminando cerca tuyo los jueves en la noche seguramente tendría algo contigo porque eres linda. Escuchas a la chica más guapa de la clase decir "Soy fea" y ríes internamente, porque aseguras que ella no sabe lo que realmente es sentirse fea, es verse fea, es creerse fea. Ella no sabe lo que es caminar detrás de todas tus amigas, no hablar casi, no participar del tema, no ser popular. Ella no sabe lo que es ilusionarse al ver que alguien la mira, que, por una vez en el mundo, es más que "una más." Ella no sabe lo que es que la profesora diga "¡Escojan sus parejas!" y ella quede ahí.. a la inmersa de quién va a elegirla. Que si no es por su mejor amigo, probablemente la profesora tendría que obligar a algún pobre chico a bailar con ella, y luego tener que soportar como ese chico se queja una y otra vez ¿por qué le tocó con ella, la fea, y no con la linda?
En mi experiencia personal, las pocas veces que me dejé ir por el camino de la atracción joven, donde las parejas se ven en los recesos de clases, se mandan carticas con algún pobre tonto que les hace el favor, y eso si no están en la misma clase, porque debemos admitir que cuando hay una pareja en el mismo salón de clase es totalmente complicado; esas pocas veces no culpaba a aquel chico por no sentir lo mismo hacía mi persona, porque hoy en día la sociedad va ligada fuertemente de la mano de la apariencia y, desafortunadamente, como te ven, te tratan. Siempre los veía como pobres seres humanos a los que una total y completa aparecida, a parte de fea, les entregaba una responsabilidad horrible y un sentimiento indeseado.
Aproximadamente a los 15 años senté cabeza, no era la linda de la clase, era la fea. Nadie me iba a invitar a por un helado, o un café. Mis únicos anhelos eran los personajes de mis libros favoritos, y, a nosotras las feas, solo nos queda esperar porque algún chico intente conocernos.
Pero acá no vengo solo a quejarme de lo mal que lo pasé, y lo paso en mi adolescencia por ser la "fea." Hubo una época donde tuve varios "amigos", y digo "amigos" porque los hijos de puta hablaban de la manera más inhumana y horrorosa posible de mi, obviamente a mis espaldas. (¡De las cosas que me enteré que había hecho en mi vida y no sabía!) En esa época hablaba con todas y cada una de las personas que asistían a mi misma clase. No ese tipo de conversación de "¿cómo te sientes? ¿qué tal tu fin de semana?" No. Mis conversaciones se basaban más en ir saltando y brincando de una esquina del salón a la otra, codeándome por los distintos grupos que se formaban, y preguntar qué hacían, o si habían escuchado el nuevo chisme de aquella, o si habían visto que el profesor tenía el cierre del pantalón abajo. Y, si hablábamos fuera de clases, era definitivamente para pedirnos una que otra tarea. Y con los populares, que casualmente y egocéntricamente puedo decir, que, a veces, era mi grupo, hablábamos sobre cosas que a los jóvenes a dichosa edad interesan: sexo, fiestas, rebeldía y vicios. Yo reía y tenia mis buenos momentos ahí, pero sabía que no estaba en ese grupo por mi apariencia física, sino porque, de una u otra forma, a aquellos les había gustado la alegre y espontánea forma que yo les mostraba, de ser. Era gente amigable, aún lo son; y podría decirse que les quiero a algunos como si fuesen hermanos míos, pero reitero que no puedo llamarles amigos, puesto que ni ellos lo han sido conmigo, ni yo con ellos.
Y, desafortunadamente, llega el punto final, punto muerto, donde todo acaba. Ya no tienes el autoestima por el suelo. Te ves al espejo y ya no lloras, no ríes, no representas ninguna emoción. No te preocupas en lo que otros puedan o no pensar de tu vestido de esa noche, de tu peinado y de tu maquillaje. Ya ni respondes con un "gracias" a cualquier tipo de cumplido o halago. Te gustaría mucho ser alguien más. Ya no respondes a quien eres. ¿Y todo por qué? Porque ha llegado el punto muerto. Tu autoestima no está en el suelo. Ya no tienes. Ya nada puede hacerte sentir esperanzada.
Ya no hay autoestima, se esfumó.
Es cuestión de autoestima. No sabes cuando la tienes, pero puedes afirmar con absoluta certeza cuando la pierdes, y tú, mi amiga, la has perdido.
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