Sentada en un sitio cualquiera, observando la gente pasar, algunos ocupados, otros distraídos, pero muchos totalmente adheridos a un ser acompañante; me he preguntado si así lo es todo siempre.
Por mi corta edad, no me permito hacerme ciertos cuestionamientos, principalmente porque es una corta edad y no debería estarmelos formulando. Cuestionamientos como quién va a acabar con la guerra del mundo, qué va a salvar a la tierra de morir incineradas, y más que todo sobre si algún día va a llegar alguien que me complemente en todos los sentidos y me haga soltar suspiros mañaneros y gemidos nocturnos.
A mi corta edad ya mencionada, muchos de mis compañeros (y nótese que digo compañeros porque tengo la madurez suficiente para entender que muy pocos son mis amigos) están increíblemente familiarizados con la cuestión de un ser acompañante. Alguien que les roba unas cuántas horas del día estando estancados en sus mentes, alguien que les deja uno que otro mensaje que bien podría imprimirse y mandarse a empastar para no ser olvidado nunca, alguien que por suerte o infortunio ha llegado a sus vidas para hacerlas un poco más llevaderas como más dificiles, un poco más alegres como más tristes y un poco más llenas que vacías.
Muchos de ellos llevan años con su pareja, otros tan sólo unos meses y pocos quizá unos cuántos días. Hay una cosa de ellos, un algo indescriptible, que siempre que los veo me hace querer matarlos, y quizá es eso, su pareja.
Y no porque quiera yo a sus parejas todas. No. Sino porque hay una especie de envidia y capricho sobre lo que un compañero mío con pareja trae. La soledad es bonita cuando no estás encerrado en una habitación llena de gente. La soledad es bonita cuando se quiere y no cuando se debe padecer y aguantar, y existe una enorme diferencia entre estar solo, y estar solitario.
Volviendo a la cuestión de mi corta edad y mi restricción sobre ciertos cuestionamientos, me pregunto si en verdad debería afectarme (así fuese en lo más mínimo) el no compartir un pedazo de vida y/o de instante con una pareja sentimental. No tener a quién mandar mensajes en las noches, ni con quién gastar la batería del celular, no tener con quién reír y llorar sobre las cosas más sencillas y más complejas del planeta, y en definitiva no tener a alguien a quién los mimos y las caricias le sean bien recibidas y viceversa. Me pregunto si en el mundo puede existir una sola persona que disfrute de ser solitario en el mundo, de no compartir su vida con una otra mitad, y desgastarse o recomponerse en el intento.
Soy joven, y tengo una vida por delante, pero ¿será la juventud, las hormonas, el crecimiento, y/o el karma menstrual de ser mujer que me hace querer ser la persona que va de la mano con alguien más por la calle, y la inspiración de la persona que sentada en un sitio cualquiera me observa solitariamente y decide escribir sobre mí? ¿O será que de verdad estoy siendo franca conmigo misma y me estoy dando cuenta que quizá ésto no está hecho para todo el mundo, y hay una pequeña población de la que puedo hacer parte que disfruta de ser solitario y jamás va a buscar (y encontrar) a alguien?
Y, si fuese así, ¿qué hago con éste deseo reprimido de besar párpados y compartir experiencias al son de dos palmas húmedas que se unen para agarrarse? ¿Qué hago con los besos que estoy por dar, las caricias que estoy por soltar y las lágrimas que estoy por escurrir de bien o de mal? ¿Qué hago con esas fibras internas que lo único que quieren hacer es rozar pieles específicas para intentar recomponerlas?
¿Cómo arranco esa pequeña parte de mí que le pide a un ente superior que alguien se tope conmigo, por accidente, casualidad o de mismo adrede, y me llegue a lo profundo de todo el interior?
Por mi corta edad, no me permito hacerme ciertos cuestionamientos, principalmente porque es una corta edad y no debería estarmelos formulando. Cuestionamientos como quién va a acabar con la guerra del mundo, qué va a salvar a la tierra de morir incineradas, y más que todo sobre si algún día va a llegar alguien que me complemente en todos los sentidos y me haga soltar suspiros mañaneros y gemidos nocturnos.
A mi corta edad ya mencionada, muchos de mis compañeros (y nótese que digo compañeros porque tengo la madurez suficiente para entender que muy pocos son mis amigos) están increíblemente familiarizados con la cuestión de un ser acompañante. Alguien que les roba unas cuántas horas del día estando estancados en sus mentes, alguien que les deja uno que otro mensaje que bien podría imprimirse y mandarse a empastar para no ser olvidado nunca, alguien que por suerte o infortunio ha llegado a sus vidas para hacerlas un poco más llevaderas como más dificiles, un poco más alegres como más tristes y un poco más llenas que vacías.
Muchos de ellos llevan años con su pareja, otros tan sólo unos meses y pocos quizá unos cuántos días. Hay una cosa de ellos, un algo indescriptible, que siempre que los veo me hace querer matarlos, y quizá es eso, su pareja.
Y no porque quiera yo a sus parejas todas. No. Sino porque hay una especie de envidia y capricho sobre lo que un compañero mío con pareja trae. La soledad es bonita cuando no estás encerrado en una habitación llena de gente. La soledad es bonita cuando se quiere y no cuando se debe padecer y aguantar, y existe una enorme diferencia entre estar solo, y estar solitario.
Volviendo a la cuestión de mi corta edad y mi restricción sobre ciertos cuestionamientos, me pregunto si en verdad debería afectarme (así fuese en lo más mínimo) el no compartir un pedazo de vida y/o de instante con una pareja sentimental. No tener a quién mandar mensajes en las noches, ni con quién gastar la batería del celular, no tener con quién reír y llorar sobre las cosas más sencillas y más complejas del planeta, y en definitiva no tener a alguien a quién los mimos y las caricias le sean bien recibidas y viceversa. Me pregunto si en el mundo puede existir una sola persona que disfrute de ser solitario en el mundo, de no compartir su vida con una otra mitad, y desgastarse o recomponerse en el intento.
Soy joven, y tengo una vida por delante, pero ¿será la juventud, las hormonas, el crecimiento, y/o el karma menstrual de ser mujer que me hace querer ser la persona que va de la mano con alguien más por la calle, y la inspiración de la persona que sentada en un sitio cualquiera me observa solitariamente y decide escribir sobre mí? ¿O será que de verdad estoy siendo franca conmigo misma y me estoy dando cuenta que quizá ésto no está hecho para todo el mundo, y hay una pequeña población de la que puedo hacer parte que disfruta de ser solitario y jamás va a buscar (y encontrar) a alguien?
Y, si fuese así, ¿qué hago con éste deseo reprimido de besar párpados y compartir experiencias al son de dos palmas húmedas que se unen para agarrarse? ¿Qué hago con los besos que estoy por dar, las caricias que estoy por soltar y las lágrimas que estoy por escurrir de bien o de mal? ¿Qué hago con esas fibras internas que lo único que quieren hacer es rozar pieles específicas para intentar recomponerlas?
¿Cómo arranco esa pequeña parte de mí que le pide a un ente superior que alguien se tope conmigo, por accidente, casualidad o de mismo adrede, y me llegue a lo profundo de todo el interior?
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