Prometí a mí misma que no escribiría sobre alguien que fuese pasajero, que al final del día no me representase ninguna emoción por desechar, por alguien que (aunque suene arrogante y egoísta) no mereciese mis palabras. Sin embargo, aquí estoy, a tres o muchos días de haber escuchado lo que escuché, leído lo que leí, y sentido lo que sentí, y que sigo sintiendo y no se me quita del pecho ni "restregando fuerte" como dicen las mamás. Te estoy escribiendo porque trato de figurar todo lo que sucede, de hacerme a la idea de que le entregué lo más valioso de mí a alguien que al parecer no lo ha valido. Por quién estuve postrada en la silla cercana a una cama esperando que todo saliese exactamente como salió: bien. ¿Cómo algo tan fuerte te cambió de tal manera? Te llenó los huesos de insensibilidad, y el aire te golpeó con un toque de dureza que te hizo rígido y establemente inestable. No he tratado de entender porqué te haz ido, y ahora tengo que entender un párrafo lleno de ...
"Il n'y a pas de verités moyennes" Georges Bernanos.