Prometí a mí misma que no escribiría sobre alguien que fuese pasajero, que al final del día no me representase ninguna emoción por desechar, por alguien que (aunque suene arrogante y egoísta) no mereciese mis palabras.
Sin embargo, aquí estoy, a tres o muchos días de haber escuchado lo que escuché, leído lo que leí, y sentido lo que sentí, y que sigo sintiendo y no se me quita del pecho ni "restregando fuerte" como dicen las mamás.
Te estoy escribiendo porque trato de figurar todo lo que sucede, de hacerme a la idea de que le entregué lo más valioso de mí a alguien que al parecer no lo ha valido. Por quién estuve postrada en la silla cercana a una cama esperando que todo saliese exactamente como salió: bien. ¿Cómo algo tan fuerte te cambió de tal manera? Te llenó los huesos de insensibilidad, y el aire te golpeó con un toque de dureza que te hizo rígido y establemente inestable.
No he tratado de entender porqué te haz ido, y ahora tengo que entender un párrafo lleno de palabras que en ningún contexto me caben. Que no puedo llegar a saber si estabas enfermo, o triste, o enojado, o frustrado por el millón de cosas que te sucedían y me sucedían y juntos nos sucedían a ambos. Y que tu partida ahora me ha dejado inconclusa, como la despedida que nunca pude darte.
Que solías ser el mejor en mi mundo, solías darle sentido al sinfín de cosas que no lo necesitaban, y que tu mano junto a la mía parecía estar hecha a la medida. Que mis dedos encajaban perfectamente entre los tuyos, y mis yemas no dolían posadas en tu mano.
Que la vida a través del color café de tus ojos se me hacía más llevadera.
Que nuestra futura vida juntos era la razón por la cuál venceríamos todo aquello que nos atormentaba el presente.
Que tus besos eran el mejor calmante a la ansiedad que sobrellevaba porque no podía salvarte.
Y ahora estoy,
o no sé si sólo existo aquí entre todo esto,
tratando de encontrarle sentido a un párrafo sin sentido.
Tratando de llamarte a un número que no contestas, buscarte en los recuerdos que están escondidos, agarrarte la mano en el aire que ya no respiras y pidiéndole a la vida que me de cinco segundos más contigo, para preguntarte si me quisiste, si me querías, si me quieres. Si la vida juntos fue real. Si el cielo era más azul cuando lo miraste desde mi perspectiva.
O si al contrario el párrafo era real, y yo tan sólo fui un instante en tu corta, y muy pequeña vida.
Sin embargo, aquí estoy, a tres o muchos días de haber escuchado lo que escuché, leído lo que leí, y sentido lo que sentí, y que sigo sintiendo y no se me quita del pecho ni "restregando fuerte" como dicen las mamás.
Te estoy escribiendo porque trato de figurar todo lo que sucede, de hacerme a la idea de que le entregué lo más valioso de mí a alguien que al parecer no lo ha valido. Por quién estuve postrada en la silla cercana a una cama esperando que todo saliese exactamente como salió: bien. ¿Cómo algo tan fuerte te cambió de tal manera? Te llenó los huesos de insensibilidad, y el aire te golpeó con un toque de dureza que te hizo rígido y establemente inestable.
No he tratado de entender porqué te haz ido, y ahora tengo que entender un párrafo lleno de palabras que en ningún contexto me caben. Que no puedo llegar a saber si estabas enfermo, o triste, o enojado, o frustrado por el millón de cosas que te sucedían y me sucedían y juntos nos sucedían a ambos. Y que tu partida ahora me ha dejado inconclusa, como la despedida que nunca pude darte.
Que solías ser el mejor en mi mundo, solías darle sentido al sinfín de cosas que no lo necesitaban, y que tu mano junto a la mía parecía estar hecha a la medida. Que mis dedos encajaban perfectamente entre los tuyos, y mis yemas no dolían posadas en tu mano.
Que la vida a través del color café de tus ojos se me hacía más llevadera.
Que nuestra futura vida juntos era la razón por la cuál venceríamos todo aquello que nos atormentaba el presente.
Que tus besos eran el mejor calmante a la ansiedad que sobrellevaba porque no podía salvarte.
Y ahora estoy,
o no sé si sólo existo aquí entre todo esto,
tratando de encontrarle sentido a un párrafo sin sentido.
Tratando de llamarte a un número que no contestas, buscarte en los recuerdos que están escondidos, agarrarte la mano en el aire que ya no respiras y pidiéndole a la vida que me de cinco segundos más contigo, para preguntarte si me quisiste, si me querías, si me quieres. Si la vida juntos fue real. Si el cielo era más azul cuando lo miraste desde mi perspectiva.
O si al contrario el párrafo era real, y yo tan sólo fui un instante en tu corta, y muy pequeña vida.
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