El cansancio viene después de que te has entregado completa, has sudado por la gente incorrecta, haciendo cosas correctas. Diste mucho de ti misma a personas que quizá no lo valoraron tan bien. En un principio, el ideal no era hacer las cosas para recibir una especie de recompensa o premio por lo que hacías, lo hacías porque querías y el querer era una razón más que válida. Pero cuán estúpido es quedarse esperando bajo el ardiente sol por lo menos un agradecimiento sincero. Saber que al menos lo que dijiste, o hiciste, o pensaste, o esforzaste valió un poco, así sea un poco; y tocó más fibras de las que nunca pensaste pudieron ser tocadas.
Es exhaustivo sentir que estás hecha para ser una felicidad momentánea en la vida de las personas que te rodean, que realmente nadie anhela tenerte en su vida y así mismo tampoco ésta va a cambiar cuando ya no estés en ella. Sentir que las gotas de sudor que se derramaron, al igual que las lágrimas y las sonrisas, fueron totalmente en vano. Nada es en vano, así mismo como todo lo es. Hacemos las cosas pensando que tendrán repercusión en la gente, y siendo sinceros, no existe repercusión alguna. Nadie toca la vida de nadie porque nadie existe en la vida de nadie. Todos estamos aquí para terminar de la misma manera, y nos vamos solos, tal como llegamos; porque aunque sea duro de admitir, nadie tiene a nadie porque nadie posee a nadie.
Y el amor se va a acabar, así como se acaba el café algún día, o se apaga una luz, o se cierra un libro.
Y seamos sinceros, al menos con nosotros mismos, quizá no todos estuvimos hechos para amar.
Ya lo sé, dije mucho sin decir nada.
Comentarios
Publicar un comentario