Me tomó tres años, siete meses, no sé cuántas semanas y tampoco sé qué tantos días decirte adiós. Antes no lo hice, porque de haberlo hecho, lo habría hecho de la forma incorrecta. Creí hacerlo, y lo único que conseguí hacer fue quemar un montón de fotos, de prendas, de pequeños objetos que sólo me llevaban a ti al verlos, y que ahora mismo anhelo con el alma haberlos conservado.
Tu partida dolió incluso más que cualquier otra partida que había ya experimentado. No sólo dolió el hecho de que te habías ido, sino el sentirme en éste mundo sin ti. En ese tiempo, el único mundo que yo conocía, era uno en el que estabas tú, y tú no estabas más. Y yo estaba sola, y de repente, también estaba perdida.
El sentirme sola no era simplemente un sentir. Se sabe de soledad cuando no puedes llorar más que en la cama, justo antes de que los ojos te obliguen a darte por vencida, o en la ducha, donde nadie va a escuchar cuántos sollozos soltaste por minuto. Incluso cuando una noche de domingo, totalmente vuelta mierda, nadie llamó para saber cómo estabas.
Me dolió aparentar que estaba bien, y que tu partida no me estaba perforando el corazón. Hoy día, el dolor es exactamente el mismo. No duele tanto como antes, pero dolor es dolor. Y como todo dolor, necesito acabarlo y dejar de transformarlo en almohada para apuñalarlo hasta que no puedo dar más.
Te estoy diciendo adiós, porque ya no soporto querer decirte hola. Te has ido, y asumirlo me ha costado todo un tiempo. Pudo haberme costado un mes, u ocho años, pero lo cierto es que todo éste tiempo dedicado a ti, y solamente a ti, tengo ahora que dejarlo atrás.
Ya no puedes mantenerme despierta en las noches. Ya no puedes hacerme llorar con canciones o películas. Ya no puedes atormentarme en pesadillas, de esas de las que no logro recuperarme del todo. Ya no puedes permitirme llamar a un teléfono que sé que no vas a contestar. Ya no puedes estar en cada rostro que veo. Ya no puedes nombrarte en todos tus parecidos. Yo me estoy yendo, y te pido, cariño, que me dejes ir.
Con ésta despedida no pretendo desaparecer, porque siempre serás mío y siempre seré tuya. Y volveré quizá al recuerdo de cuando me enamoré perdidamente de ti...
Pero estaré bien. Y estarás bien. Porque me permitiste sanar.
Y porque estoy sanando.
Tu partida dolió incluso más que cualquier otra partida que había ya experimentado. No sólo dolió el hecho de que te habías ido, sino el sentirme en éste mundo sin ti. En ese tiempo, el único mundo que yo conocía, era uno en el que estabas tú, y tú no estabas más. Y yo estaba sola, y de repente, también estaba perdida.
El sentirme sola no era simplemente un sentir. Se sabe de soledad cuando no puedes llorar más que en la cama, justo antes de que los ojos te obliguen a darte por vencida, o en la ducha, donde nadie va a escuchar cuántos sollozos soltaste por minuto. Incluso cuando una noche de domingo, totalmente vuelta mierda, nadie llamó para saber cómo estabas.
Me dolió aparentar que estaba bien, y que tu partida no me estaba perforando el corazón. Hoy día, el dolor es exactamente el mismo. No duele tanto como antes, pero dolor es dolor. Y como todo dolor, necesito acabarlo y dejar de transformarlo en almohada para apuñalarlo hasta que no puedo dar más.
Te estoy diciendo adiós, porque ya no soporto querer decirte hola. Te has ido, y asumirlo me ha costado todo un tiempo. Pudo haberme costado un mes, u ocho años, pero lo cierto es que todo éste tiempo dedicado a ti, y solamente a ti, tengo ahora que dejarlo atrás.
Ya no puedes mantenerme despierta en las noches. Ya no puedes hacerme llorar con canciones o películas. Ya no puedes atormentarme en pesadillas, de esas de las que no logro recuperarme del todo. Ya no puedes permitirme llamar a un teléfono que sé que no vas a contestar. Ya no puedes estar en cada rostro que veo. Ya no puedes nombrarte en todos tus parecidos. Yo me estoy yendo, y te pido, cariño, que me dejes ir.
Con ésta despedida no pretendo desaparecer, porque siempre serás mío y siempre seré tuya. Y volveré quizá al recuerdo de cuando me enamoré perdidamente de ti...
Pero estaré bien. Y estarás bien. Porque me permitiste sanar.
Y porque estoy sanando.
Comentarios
Publicar un comentario