Desde ahora tengo todo el derecho a hacer mis cosas. De reírme a carcajadas en un lugar silencioso, de guiñarle el ojo a alguien en público sin intención de una respuesta, de sonreírle a extraños y bailar sin música.
De sentirme alucinada, de enamorarme sin enamorar a la otra persona, de tener un gusto que no es correspondido. De cantar en la ducha, de vestirme como yo quiera, de soñar lo que desee.
De beber e ir a fiestas, de volverme loca, de hacer una escena. De probar cosas nuevas, cosas distintas. Darme un beso con diferentes personas en una noche, darme un beso con la misma persona por noches diferentes. De tener sexo, de volverme una puta en la cama, de gritar mi elixir.
De ser yo misma, de arrinconar los estigmas, de desecharlos, de botarlos a la basura. De agarrarme las tetas, porque coño, ¡son mías y puedo hacerlo! De mirarme el culo en un espejo, de mirar el de los demás.
Desde hoy, quiero ser libre de ataduras, de los comentarios absurdos con respecto a mi físico, mi personalidad, los tabúes mundiales, de todo aquello que algunos no se atreven a mencionar.
Desde hoy quiero ser libre de la sociedad tan ridícula de la que hago parte, de la sociedad enferma. Quiero ser libre de querer a quién quiero querer, de mirar algo con los ojos con que lo quiero mirar, de tener opinión, de tener voz, de tener voto.
Desde hoy, seré libre de respetar a quién me respete, incluso si es mi padre, o mi madre, o mi hermano, o hermana. Porque nadie tiene autoridad sobre mí misma. Porque yo viviré mi vida y no la de los demás.
Me libraré del machismo diario, del feminismo nazi. Seré lo que quiera ser. Porque soy mía.
Soy única y exclusivamente mía.
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