Quería pedirte que te quedaras aun sabiendo que sólo querías irte, que no me sonaba tanto a despedida sino a la excusa perfecta para culminar un plan que hace días querías cerrar, que supe que todo se había acabado más tarde de lo que debía.
Quería pedirte que el último beso no acabara, quería decirte que tus manos estaban muy frías aún con mi toque, quería expresarte que la falta que me haces cariño, es incalculable.
Deseo irme pronto de este sitio en donde ya no estás tú, sólo están mis ganas de continuar y todo el amor que aún no te he dado. Pero no lo vale, ya no estás tú.
Quería contarte que el desear por última vez que tu piel recorra mi piel entera, me está quemando entera por dentro. Que estoy exhausta de no tener un previo aviso de mi llanto, tan sólo la vergonzosa sensación de que las lágrimas salen descontroladas sin importar el lugar, la hora, o la compañía. Que ya no puedo seguir buscándote en rostros que no son tuyos, o en conversaciones muertas.
Desearía que nunca me hubieses enseñado los vídeos de las hazañas de tu equipo favorito, el cómo te gusta el café, la historia de tus cicatrices, los puntos débiles de tu cuerpo, el cómo te comportas frente a tus amigos y dónde tocarte el alma para hacer que duela. Desearía que nunca me hubieses desnudado sin tocarme siquiera, y que nunca me hubieses mostrado cómo me encanta el arduo roce de tu barba en mi rostro cuando vamos al mismo ritmo.
Desearía que no me hubieses cogido de las manos, o mirado a los ojos cuando teníamos sexo, y así no lo habría confundido con amor.
Echaré de menos todas las veces que admiré la firmeza de tus manos cuando sostenías el volante, o cómo me encantaba tu palma sobre mi muslo cuando no tenías que mover la palanca de cambios. Echaré de menos las veces en que te vi llorar, y así mismo, las veces en que te vi reír. Echaré de menos estar complacida con tu toque, usar tus prendas después de tomar baños juntos, el cómo nunca había un cepillo y siempre andaba con el cabello hecho un lío. Echaré de menos el rubor en mis mejillas después de tantas sesiones contínuas de placer, y lo mucho que me gustaba admirarte.
Mi ego me inunda y me hace esperar que lleguen muchas mujeres en tu vida y sin embargo ninguna valore tus marcas de nacimiento. Ninguna entienda a ese niño que llevas dentro y que a ratos no para de salir. Ninguna tolere tu humor negro y descarado. Ninguna te pida que le tires del cabello. Ninguna logre aquello que con tanto éxito me hiciste creer que yo había logrado. Que ninguna resista tanto tiempo. Ninguna quiera sanar todos esos males que acaricié por tanto tiempo con la intención de que se apaciguaran. Ay vida mía, no obstante eso es lo único que quiero llegue a tu vida. Una mujer que te quiera tanto, o incluso más de lo que te quise y te quiero.
Ruego todas las noches a un dios que a veces dudo que exista, que me quite todo éste sentimiento. Que me seque hasta el punto en donde ya no existan más lágrimas. Que me borre todo el amor que te tengo y pueda volverte a mirar a los ojos sin sentir un estremecimiento por todo el cuerpo. Ruego que vuelvas a tocarme, a besarme, a desnudarme, a quererme, a odiarme, a extrañarme, a olvidarme, a sentirme, a llorarme, a reírme, a reconocerme y sin embargo yo no sienta nada. No sienta nada nunca más.
Pero, por ahora, quiérete, cuídate y sánate. Tanto como lo hago yo. Tanto como lo voy a dejar de hacer.
Tu ausencia me dejó un vacío que hoy he decidido llenar. Hoy empiezo a olvidarte.
Y cómo me duele dejarte atrás, cómo me dolió dejarte ir.
Por siempre y hasta nunca.
Adiós amor.
Quería pedirte que el último beso no acabara, quería decirte que tus manos estaban muy frías aún con mi toque, quería expresarte que la falta que me haces cariño, es incalculable.
Deseo irme pronto de este sitio en donde ya no estás tú, sólo están mis ganas de continuar y todo el amor que aún no te he dado. Pero no lo vale, ya no estás tú.
Quería contarte que el desear por última vez que tu piel recorra mi piel entera, me está quemando entera por dentro. Que estoy exhausta de no tener un previo aviso de mi llanto, tan sólo la vergonzosa sensación de que las lágrimas salen descontroladas sin importar el lugar, la hora, o la compañía. Que ya no puedo seguir buscándote en rostros que no son tuyos, o en conversaciones muertas.
Desearía que nunca me hubieses enseñado los vídeos de las hazañas de tu equipo favorito, el cómo te gusta el café, la historia de tus cicatrices, los puntos débiles de tu cuerpo, el cómo te comportas frente a tus amigos y dónde tocarte el alma para hacer que duela. Desearía que nunca me hubieses desnudado sin tocarme siquiera, y que nunca me hubieses mostrado cómo me encanta el arduo roce de tu barba en mi rostro cuando vamos al mismo ritmo.
Desearía que no me hubieses cogido de las manos, o mirado a los ojos cuando teníamos sexo, y así no lo habría confundido con amor.
Echaré de menos todas las veces que admiré la firmeza de tus manos cuando sostenías el volante, o cómo me encantaba tu palma sobre mi muslo cuando no tenías que mover la palanca de cambios. Echaré de menos las veces en que te vi llorar, y así mismo, las veces en que te vi reír. Echaré de menos estar complacida con tu toque, usar tus prendas después de tomar baños juntos, el cómo nunca había un cepillo y siempre andaba con el cabello hecho un lío. Echaré de menos el rubor en mis mejillas después de tantas sesiones contínuas de placer, y lo mucho que me gustaba admirarte.
Mi ego me inunda y me hace esperar que lleguen muchas mujeres en tu vida y sin embargo ninguna valore tus marcas de nacimiento. Ninguna entienda a ese niño que llevas dentro y que a ratos no para de salir. Ninguna tolere tu humor negro y descarado. Ninguna te pida que le tires del cabello. Ninguna logre aquello que con tanto éxito me hiciste creer que yo había logrado. Que ninguna resista tanto tiempo. Ninguna quiera sanar todos esos males que acaricié por tanto tiempo con la intención de que se apaciguaran. Ay vida mía, no obstante eso es lo único que quiero llegue a tu vida. Una mujer que te quiera tanto, o incluso más de lo que te quise y te quiero.
Ruego todas las noches a un dios que a veces dudo que exista, que me quite todo éste sentimiento. Que me seque hasta el punto en donde ya no existan más lágrimas. Que me borre todo el amor que te tengo y pueda volverte a mirar a los ojos sin sentir un estremecimiento por todo el cuerpo. Ruego que vuelvas a tocarme, a besarme, a desnudarme, a quererme, a odiarme, a extrañarme, a olvidarme, a sentirme, a llorarme, a reírme, a reconocerme y sin embargo yo no sienta nada. No sienta nada nunca más.
Pero, por ahora, quiérete, cuídate y sánate. Tanto como lo hago yo. Tanto como lo voy a dejar de hacer.
Tu ausencia me dejó un vacío que hoy he decidido llenar. Hoy empiezo a olvidarte.
Y cómo me duele dejarte atrás, cómo me dolió dejarte ir.
Por siempre y hasta nunca.
Adiós amor.
Comentarios
Publicar un comentario