"lamento mucho que este mundo
no haya podido mantenerte a salvo.
Que tu viaje a casa
sea suave y pacífico
descansa en paz"
escribo una carta que nunca voy a entregar, y que en caso de querer hacerlo, requiere quemarla a la intemperie y esperar que llegue a ti de alguna manera.
me siento irónica y ridícula porque ésto me duele a mí. no sé si verdaderamente fuimos amigos, y los recuerdos que tengo de ti son muy vagos, como el que me gustaste cuando pequeña y fuimos novios alrededor de un día. no sé si te dí un beso en ese juego de niños. espero haberlo hecho, me gustaría haberlo hecho.
me conformé con verte de nuevo, después de muchos años, y sentirme agradecida de que ya no usabas el gorrito y tampoco el tapabocas. eso, para mí, era la vívida prueba de que habías superado el cáncer. ya no tenías huesitos rotos, y yo ya no lloraba porque te los rompías.
una parte de mí te tiene un cariño inmensurable porque sé que fuiste valiente, pero también porque el cáncer siempre ha tocado fibras muy débiles de mí misma. quizá por eso quise ser oncóloga, y hoy me he conformado por rehabilitar en oncología. sé que en mis pacientes veré la misma fuerza que tú emanabas, y quizá así pueda salvar un poquito de ti.
también sé que debes estar anonadado de que escribo de ti como si hubiésemos sido amigos toda una vida, cuando las palabras que nos cruzamos asumo fueron contables, pero tu muerte me dejó una especie de vacío que no sé por qué está allí. me cargo la culpa de que nunca volví a hablarte ni a ti, ni a ninguno de los demás. quizá por pena, vergüenza, o porque simplemente ya para qué.
no sé por qué lloro.
no alcanzo a imaginar cómo llora la gente que te quería, y que querías, y a las cuáles tu muerte les cambió todos los planes. espero que sepas que no rezo mucho, y mi relación con Dios nunca ha sido muy estable, pero ese día recé por ti.
uno jamás quiere ver a un amigo en el ataúd. y creo que eso fuiste, un amigo.
descansa en paz.
Comentarios
Publicar un comentario