"Y jamás me voy a arrepentir de haber sentido tanto por ti, porque una persona tan valiosa no merece ser negada nunca".
Fue un 1 de Enero de 2016 a las 12:50 am. Nos despedíamos, como de costumbre, porque lo mejor que supimos hacer a lo largo de nuestro tan breve tiempo fue eso, despedirnos. Así no nos fuésemos, así volviéramos. Hoy me encuentro aquí a muy pocos días de volver a vivir esa misma fecha y todo me abruma y me pesa el cuerpo y ya no estás.
No sé en qué posición de mi vida me encuentro, porque hasta tan sólo unos meses atrás oír tu nombre no me producía ni cosquillas, ni ver tus historias o escuchar comentarios sobre ti. No sé en qué posición me encuentro porque hoy escribo pensándote. No sé en qué posición me encontraba cuando te llamé hace par días y te pedí que me hablaras hasta que me venciera el sueño. No sé en qué posición me encuentro cuando mis amigas me dicen al otro lado del teléfono "Pero es que no lo entiendo, si tú estabas totalmente bien".
Te he dicho adiós muchas veces aunque conservaba partes tuyas que me mantenían en el mismo sitio y no me dejaban ir. Por ejemplo, una que otra red social donde posteabas y yo veía, los primeros cuatro números de tu teléfono tatuados en las huellas de mis dedos y la interminable conversación que siempre archivé y nunca borré en caso de necesitar volver a ella. La caja que te pedí de vuelta con la excusa de verte. Las prendas tuyas en mi armario.
Sé que aún al deshacerme de todo esto, habrán momentos de momentos en que mi mente va a volver a ti buscando algo sin saber qué. Bien lo hice durante este tiempo y aunque al final fallé, jamás me costó recordar con una sonrisa y sin embargo, seguir. Sé que será cuestión de tiempo, pero sé que nunca voy a sanar del todo si sigo pensando que no vale la pena enterrar algo que, a mi simple vista, fue tan lindo y tan puro como los mensajes pidiéndonos que no nos fuésemos.
Pero fuiste un año, de 20. Yo fui par meses, de 19 años que llevas encima. O quizá no, eso sólo lo sabrás tú, pero ya no importa. Como lo mencioné la última vez: "no tiene que ser recíproco". Y es porque no debe ser así, porque en la vida las cosas no siempre son recíprocas, tampoco tangibles, tampoco perduran. Y así como no tienen que ser recíprocas, tampoco deben saberse. Esta es mi despedida más pura porque es la única que no te hago llegar. Es la más pura porque después de esta, viene el desprendimiento a todo lo que me hace volver y ya no estoy para estas cosas. Te estoy dejando, junto con las mil cosas detrás que dejo al dejarte, junto con los vicios que nunca me enseñaste pero que indirectamente cultivaste en mí. Y volveré a ellos, más adelante, cuando no sean auspiciados por ti.
Y planeo enamorarme, así de profundo y ojalá más allá. Planeo vivir todo lo que quise vivir contigo, en los brazos de un hombre que también desee vivirlo. Planeo volver a dar tanto de mí que sienta que es demasiado y abruma. Y planeo volverme a caer si es necesario y buscar al siguiente, y así hasta que llegue el que se queda, pero hacerlo con el corazón porque me cansé de los cuentos de una noche, de todos esos clímax únicos e irrepetibles en la vida porque sólo se dieron una vez. Hacerlo con el corazón porque me cansé de la monotonía de los distintos, de encontrar ojos y cejas lindas en varios y no apreciarlas por tiempos prolongados. Me cansé de lo que fui cuando te fuiste y me perdí, y recurrí a varios caminos para encontrarme de nuevo.
Hoy ni siquiera te dejo, porque tú ya me dejaste y en este juego fuiste tú el que ganó. Uno nunca puede dejar el tren que ya se fue o el barco que ya zarpó. Pero sí puedo dejar ese sitio que nos conecta lo queramos o no. Ese espacio y ese tiempo en que fuimos ambos. Tú y yo y yo y tú, porque en este espacio el uno no existe sin el otro.
Espero encuentres paz en caso de que no la tengas ya. Espero encontrar la mía. Quién sabe, a lo mejor ya la tengo y no la he visto porque manejo un auto en el punto más alto de una montaña llena de neblina. Espero que todo el dolor y todas las risas, todo lo bueno y lo malo, todo el ying y todo el yang que pueda contigo, me hagan mejor persona y me enseñen algo para aplicar la siguiente vez. Espero que la experiencia que me dejaste me ayude a amar mejor, más bonito, más puro, menos inocente.
Ni digo que te quiero ni que te deseo lo mejor porque no te escribo a ti, me escribo a mí. Espero leerme en un año y reírme como lo hice con aquellas cosas que escribí para otros antes de ti. Pero no espero reírme de vergüenza, como con los otros; espero reírme porque encontré mi lugar en el mundo y tú me ayudaste a llegar a él.
Y ahí te estaré más agradecida aún.
Ni tampoco digo adiós porque ya te fuiste y yo ya tomé la determinación de irme. Y uno sólo dice adiós porque sabe que la persona que se va, nunca será la misma que llega. Y aquí no aplica: porque ni tú ni yo llegamos.
Con el corazón.
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