En realidad, es sólo oficialmente el día quinto sin ti, pues la cuenta inicia desde un tanto atrás. Te empecé a perder hace mucho.
Cambié el "Néne" por tu nombre completo.
Quité el sonido especial que tenía para saber que eras tú quién había escrito, así mismo el color de la lucecita que titila.
Sólo fumo un cigarrillo cuando te pienso.
Dejé de usar la lencería que me gustaba mostrarte.
A veces, cuando hablamos, me encuentro a mí misma escribiendo "amor, mi vida, néne o chiqui". Lo borro y pongo tu nombre.
Paso menos horas viendo si estás en línea.
Te desbloqueé de redes sociales para empezar a luchar con el instinto de querer agregarte.
Sólo veo tu instagram una vez al día.
Dejé de pedirte que nos viéramos.
Sólo miré dos veces a tu balcón para cerciorarme de que no estabas ahí.
Sin embargo, aún lloro todos los días. Mucho o poco, pero lloro.
Sigo usando tu saco.
Sigo durmiendo con tu camiseta.
Aún tengo esa foto que me fascina (sí, en la que estoy desnuda cubriéndome con tu cuerpo, haciendo una mueca mientras sonríes) dentro del cajón de mi ropa interior.
El corazón todavía me palpita cuando veo un auto parecido al tuyo, aun sabiendo que no eres tú.
Sigo imaginándote con ella y debo detenerme en seco porque si continúo he de vomitar.
Paso de largo las películas que quería ver contigo cuando estoy en Netflix.
Tengo nuestras fotos en el celular.
Escucho todas las canciones que me recuerdan a ti, de manera repetitiva.
Busco formas de verte, aún cuando no estás.
Te extraño inmensamente.
Cambié el "Néne" por tu nombre completo.
Quité el sonido especial que tenía para saber que eras tú quién había escrito, así mismo el color de la lucecita que titila.
Sólo fumo un cigarrillo cuando te pienso.
Dejé de usar la lencería que me gustaba mostrarte.
A veces, cuando hablamos, me encuentro a mí misma escribiendo "amor, mi vida, néne o chiqui". Lo borro y pongo tu nombre.
Paso menos horas viendo si estás en línea.
Te desbloqueé de redes sociales para empezar a luchar con el instinto de querer agregarte.
Sólo veo tu instagram una vez al día.
Dejé de pedirte que nos viéramos.
Sólo miré dos veces a tu balcón para cerciorarme de que no estabas ahí.
Sin embargo, aún lloro todos los días. Mucho o poco, pero lloro.
Sigo usando tu saco.
Sigo durmiendo con tu camiseta.
Aún tengo esa foto que me fascina (sí, en la que estoy desnuda cubriéndome con tu cuerpo, haciendo una mueca mientras sonríes) dentro del cajón de mi ropa interior.
El corazón todavía me palpita cuando veo un auto parecido al tuyo, aun sabiendo que no eres tú.
Sigo imaginándote con ella y debo detenerme en seco porque si continúo he de vomitar.
Paso de largo las películas que quería ver contigo cuando estoy en Netflix.
Tengo nuestras fotos en el celular.
Escucho todas las canciones que me recuerdan a ti, de manera repetitiva.
Busco formas de verte, aún cuando no estás.
Te extraño inmensamente.
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